top of page

El tutor de mi hijo me dice que se duerme en clase: ¿qué puede estar pasando?

Foto del escritor: Bárbara Rodríguez Suárez
Bárbara Rodríguez Suárez
7 oct
6 min de lectura

"Últimamente se queda dormido en clase."

"A primera hora parece que no puede mantener los ojos abiertos."

"Está muy cansado y le cuesta concentrarse."

Recibir este comentario del tutor puede generar preocupación y también cierta sorpresa.

Nuestra primera reacción puede ser pensar:

"¿A qué hora se estará durmiendo?"

"Seguro que se queda con el móvil hasta tarde."

"¿Será que las clases le aburren?"

En algunos casos, efectivamente, el adolescente está durmiendo menos de lo que necesita. Pero quedarse dormido repetidamente en clase es una señal que conviene observar y no deberíamos atribuir automáticamente a la pereza, el desinterés o el uso del móvil.

Si nuestro hijo tiene sueño durante el día, la primera pregunta debería ser: ¿qué puede estar pasando?



Los adolescentes necesitan dormir más de lo que muchas veces pensamos

Existe una idea bastante extendida de que, a medida que los hijos crecen, necesitan dormir menos.

Pero durante la adolescencia el descanso continúa siendo fundamental.

Como referencia general, los adolescentes necesitan alrededor de 8 a 10 horas de sueño cada noche. Dormir menos puede repercutir en la atención, la concentración, la memoria, el estado de ánimo y el rendimiento durante la jornada escolar.

Además, durante la adolescencia se producen cambios en el ritmo biológico del sueño que favorecen que aparezca sueño más tarde por la noche.

El problema es evidente: su cuerpo puede tender a retrasar el momento de dormir, pero el instituto sigue empezando temprano.

Si un adolescente se duerme habitualmente a las doce, a la una o incluso más tarde y tiene que levantarse a las siete, puede ir acumulando una importante deuda de sueño.


¿Cómo saber si simplemente está durmiendo poco?

Antes de buscar explicaciones más complejas, conviene observar sus hábitos durante una o dos semanas.

Podemos preguntarnos:

  • ¿A qué hora se acuesta realmente?

  • ¿A qué hora se duerme?

  • ¿A qué hora tiene que levantarse?

  • ¿Le cuesta muchísimo despertarse?

  • ¿Duerme mucho más los fines de semana?

  • ¿Está irritable o cansado durante el día?

  • ¿Se queda dormido viendo la televisión, estudiando o viajando en coche?

  • ¿Utiliza el móvil en la cama?

A veces las respuestas empiezan a mostrarnos qué está ocurriendo.


1. Puede estar durmiendo menos horas de las que necesita

Probablemente sea una de las primeras posibilidades que debemos explorar.

Deberes, actividades extraescolares, videojuegos, conversaciones con amigos, series, redes sociales o simplemente acostarse tarde pueden reducir progresivamente las horas de sueño.

El adolescente puede acostumbrarse a vivir cansado y llegar incluso a pensar que dormir cinco o seis horas es suficiente.

Pero acostumbrarse al cansancio no significa que el organismo no esté sufriendo sus consecuencias.

La falta de sueño puede manifestarse en el instituto como somnolencia, menor concentración, dificultades para memorizar, irritabilidad o bajo rendimiento.


2. El móvil puede estar retrasando la hora de dormir

El problema no es únicamente la pantalla.

Muchas veces es todo lo que ocurre dentro de ella.

Un mensaje lleva a otro.

Un vídeo lleva al siguiente.

Una partida se alarga.

Aparece una notificación.

Y cuando el adolescente mira el reloj ha pasado una hora.

Por eso puede ser útil establecer una rutina familiar en la que el móvil no duerma junto al adolescente.

Dejarlo cargando fuera del dormitorio puede reducir una de las principales tentaciones para retrasar la hora de dormir.

Pero conviene hacerlo desde una perspectiva educativa y no únicamente punitiva.

No se trata de:

"Te quito el móvil porque te duermes en clase."

Sino de:

"Tenemos que organizar mejor el descanso porque tu cuerpo necesita dormir."


3. Puede tener horarios muy diferentes entre semana y el fin de semana

Algunos adolescentes duermen cinco o seis horas durante los días lectivos y después intentan compensarlo durmiendo hasta muy tarde el sábado y el domingo.

Dormir algo más después de una semana exigente puede resultar comprensible.

Sin embargo, cuando la diferencia entre los horarios es enorme, volver a madrugar el lunes puede resultar especialmente difícil.

Mantener cierta regularidad ayuda al organismo a estabilizar el ritmo sueño-vigilia.


4. Quizá duerme muchas horas, pero no descansa bien

Este punto es importante.

No siempre debemos preguntar únicamente:

"¿Cuántas horas duerme?"

También:

"¿Cómo duerme?"

Un adolescente puede pasar suficientes horas en la cama y, sin embargo, tener un sueño poco reparador.

Conviene observar si:

  • Ronca de forma habitual.

  • Respira con dificultad mientras duerme.

  • Presenta pausas respiratorias.

  • Se mueve muchísimo durante la noche.

  • Se despierta repetidamente.

  • Se levanta con dolor de cabeza.

  • Parece agotado aunque aparentemente haya dormido suficiente.

Si aparecen estas señales, conviene comentarlas con su pediatra o médico.


5. También debemos mirar cómo se encuentra emocionalmente

El sueño y el bienestar emocional están estrechamente relacionados.

La ansiedad puede hacer que un adolescente se acueste y empiece a darle vueltas a todo:

"Mañana tengo un examen."

"He discutido con mis amigos."

"No sé qué voy a hacer el próximo curso."

"Seguro que mañana vuelve a pasar..."

La tristeza, el estrés académico, los problemas sociales o determinadas dificultades emocionales también pueden alterar el sueño y producir cansancio durante el día.

Por eso no deberíamos quedarnos únicamente con:

"Tiene que acostarse antes."

También puede ser útil preguntar:

"¿Cómo estás últimamente?"


6. ¿Puede ser simplemente aburrimiento?

Una clase poco estimulante puede hacer que cualquier persona cansada note todavía más el sueño.

Pero si un alumno se duerme repetidamente, especialmente en diferentes asignaturas, no deberíamos interpretar automáticamente la conducta como falta de interés.

Antes de etiquetarlo como "vago", "pasota" o "desmotivado", conviene explorar el descanso.

Dormirse no es lo mismo que no querer atender.


7. En algunos casos puede existir un problema médico

La mayoría de las situaciones de somnolencia adolescente no implican necesariamente un trastorno grave.

Pero existen problemas de salud que pueden provocar cansancio o somnolencia excesiva.

Entre ellos pueden encontrarse determinados trastornos del sueño, problemas respiratorios durante la noche, efectos secundarios de algunos medicamentos u otras condiciones médicas.

Por eso, cuando el sueño durante el día es intenso, persistente o no mejora aunque el adolescente duerma adecuadamente, conviene realizar una valoración médica.

No debemos autodiagnosticar.

Pero tampoco normalizar una somnolencia excesiva durante meses.


Entonces, ¿qué podemos hacer los padres?

Primero: hablar antes de acusar

En lugar de empezar con:

"El tutor me ha dicho que te duermes porque estás toda la noche con el móvil."

podemos probar:

"Tu tutor me ha comentado que últimamente tienes mucho sueño en clase. ¿Tú también notas que estás más cansado?"

La segunda pregunta invita a investigar juntos.


Segundo: observar durante unos días

Podéis registrar durante una o dos semanas:

  • Hora de acostarse.

  • Hora aproximada a la que se duerme.

  • Hora de levantarse.

  • Uso de pantallas por la noche.

  • Cómo se encuentra por la mañana.

  • Cansancio durante el día.

A veces este pequeño registro permite detectar patrones rápidamente.


Tercero: recuperar hábitos de sueño

Algunas medidas sencillas pueden ayudar:

  • Mantener horarios relativamente estables.

  • Evitar retrasar excesivamente la hora de dormir los fines de semana.

  • Crear una rutina tranquila antes de acostarse.

  • Reducir pantallas antes de dormir.

  • Evitar que el móvil permanezca en la habitación durante la noche.

  • Favorecer actividad física durante el día.

  • Evitar bebidas estimulantes, especialmente al final de la tarde y por la noche.

  • Procurar que el dormitorio sea un espacio tranquilo para descansar.


Cuarto: hablar con el centro

El tutor puede ofrecernos información muy valiosa.

¿Ocurre todos los días?

¿Solo a primera hora?

¿En una asignatura concreta?

¿Ha empezado recientemente?

¿También está más distraído, irritable o desmotivado?

Familia y centro observan al adolescente en contextos diferentes. Compartir información puede ayudarnos a comprender mejor la situación.


¿Cuándo conviene consultar con un profesional?

Sería recomendable consultar con el pediatra o médico si:

  • Se duerme frecuentemente durante el día.

  • La somnolencia es muy intensa.

  • Duerme aparentemente suficientes horas y continúa agotado.

  • Ronca intensamente o presenta dificultades respiratorias durante el sueño.

  • Resulta extremadamente difícil despertarlo cada mañana.

  • El cansancio ha aparecido de forma repentina y no encontramos una explicación.

  • Está afectando significativamente a sus estudios o a su vida cotidiana.

  • Aparecen además cambios importantes en su estado de ánimo, comportamiento, apetito o relaciones sociales.

Si existen dificultades emocionales asociadas, también puede ser conveniente realizar una valoración psicológica.


Antes de corregir la conducta, intentemos comprenderla

Cuando un profesor nos dice que nuestro hijo se duerme en clase, es fácil interpretar rápidamente lo que ocurre.

"Se acuesta tarde."

"Está enganchado al móvil."

"No se esfuerza."

Pero quizá deberíamos cambiar la pregunta.

En lugar de:

"¿Por qué no presta atención?"

preguntarnos:

"¿Por qué tiene tanto sueño?"

A veces encontraremos una respuesta sencilla y podremos reorganizar algunos hábitos.

Otras veces necesitaremos investigar un poco más.

Lo importante es recordar que la somnolencia también es una forma que tiene el cuerpo de decirnos que algo necesita atención.

Escuchar esa señal antes de juzgarla puede ser el primer paso para ayudar a nuestro hijo.




bottom of page