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A mi hijo/a le cuesta mantener la atención en una tarea: ¿qué le puede estar pasando y qué puedo hacer yo?

  • Foto del escritor: Bárbara Rodríguez Suárez
    Bárbara Rodríguez Suárez
  • 18 jun
  • 5 min de lectura

"Se distrae con cualquier cosa."

"Tarda muchísimo en hacer los deberes."

"Empieza una tarea y la deja a medias."

"Parece que no escucha cuando le hablo."

Estas son algunas de las frases que más escucho por parte de madres y padres preocupados por la atención de sus hijos.

Cuando un niño tiene dificultades para concentrarse es normal que aparezcan dudas. Muchas familias se preguntan si puede tratarse de TDAH, si es algo propio de la edad o si están haciendo algo mal.

La realidad es que mantener la atención es una capacidad compleja que depende de muchos factores. Y aunque algunas dificultades pueden estar relacionadas con un trastorno de atención, en muchas ocasiones existen otras explicaciones que conviene valorar antes de sacar conclusiones.



¿Es normal que un niño se distraiga?

Sí.

Todos los niños se distraen en algún momento. La atención no es una capacidad que aparezca completamente desarrollada desde el nacimiento. Va madurando progresivamente durante la infancia y la adolescencia.

Además, hay tareas que resultan más fáciles de atender que otras.

Por ejemplo, un niño puede ser capaz de estar concentrado mucho tiempo construyendo con bloques, jugando a un videojuego o realizando una actividad que le apasiona, pero tener muchas dificultades para mantener la atención en una tarea escolar que percibe como aburrida o difícil.

Por eso, la pregunta importante no es si se distrae alguna vez, sino:

  • ¿Con qué frecuencia ocurre?

  • ¿En qué situaciones aparece?

  • ¿Le está generando dificultades en el colegio, en casa o en sus relaciones?

  • ¿Es algo reciente o lleva ocurriendo desde hace años?


¿Qué puede estar pasando?

Existen muchas razones por las que un niño puede tener dificultades para mantener la atención.


1. La tarea es demasiado difícil

A veces el problema no es la atención.

Cuando una tarea supera el nivel de comprensión del niño, puede parecer que no presta atención cuando en realidad está bloqueado.

Por ejemplo, un niño con dificultades lectoras puede distraerse continuamente durante la lectura porque le supone un gran esfuerzo.

Del mismo modo, un niño con dificultades en matemáticas puede evitar las tareas relacionadas con esta materia.

En estos casos es importante preguntarse:

"¿Puede hacer la tarea o realmente le resulta demasiado complicada?"


2. La tarea no le motiva

La motivación influye mucho en la atención.

El cerebro presta más atención a aquello que considera interesante, novedoso o significativo.

Por eso es habitual que algunos niños puedan concentrarse durante largos periodos en actividades que les gustan y tengan dificultades para mantener la atención en otras más repetitivas o menos atractivas.

Esto no significa que debamos eliminar todas las tareas aburridas de su vida, pero sí buscar estrategias que aumenten su implicación.


3. Está cansado o duerme poco

El sueño tiene un papel fundamental en la atención.

Según la Academia Americana de Pediatría, la falta de sueño puede afectar al aprendizaje, la regulación emocional, la memoria y la capacidad de concentración.

Un niño que duerme menos de lo que necesita puede parecer distraído, olvidadizo o poco atento durante el día.

Por eso siempre conviene revisar hábitos de sueño antes de pensar en otras causas.


4. Está preocupado o emocionalmente sobrecargado

Los niños también tienen preocupaciones.

Problemas familiares, conflictos con compañeros, cambios importantes, ansiedad o estrés pueden ocupar gran parte de sus recursos mentales.

Cuando la mente está centrada en una preocupación, resulta más difícil concentrarse en una tarea.

A veces la dificultad de atención es en realidad una señal de que algo emocional está ocurriendo.


5. Hay demasiadas distracciones

Vivimos en un entorno lleno de estímulos.

Pantallas, notificaciones, ruidos, conversaciones, juguetes, televisión de fondo o cambios constantes de actividad pueden dificultar el mantenimiento de la atención.

Los niños necesitan entornos relativamente estructurados para desarrollar esta habilidad.


6. Puede existir una dificultad específica de atención

En algunos casos, las dificultades de atención son persistentes, aparecen en diferentes contextos y generan un impacto importante en el funcionamiento diario.

Cuando esto ocurre, puede ser recomendable realizar una valoración profesional para descartar o confirmar la presencia de un trastorno por déficit de atención u otras dificultades del neurodesarrollo.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el TDAH implica un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere en el funcionamiento o desarrollo.

Es importante recordar que la evaluación siempre debe ser realizada por profesionales cualificados y que no toda dificultad de atención implica necesariamente un TDAH.


¿Qué puedo hacer en casa?

1. Dar instrucciones cortas y concretas

A veces los adultos damos demasiada información de una sola vez.

Es más eficaz:

"Guarda los juguetes y después vienes."

Que:

"Recoge la habitación, guarda los juguetes, coloca la ropa, haz la mochila y luego vienes."


2. Dividir las tareas en pasos pequeños

Las tareas largas pueden resultar abrumadoras.

Es preferible dividirlas en pequeños objetivos alcanzables.

Por ejemplo:

  • Leer una página.

  • Descansar un minuto.

  • Leer otra página.


3. Crear rutinas estables

La rutina reduce el esfuerzo mental necesario para organizarse.

Cuando los horarios son predecibles, los niños necesitan invertir menos energía en decidir qué hacer y pueden dedicar más recursos a la tarea.


4. Reducir distractores

Durante los deberes puede ayudar:

  • Apagar la televisión.

  • Alejar el móvil.

  • Mantener la mesa ordenada.

  • Evitar interrupciones innecesarias.


5. Utilizar pausas breves

La atención tiene un límite.

Especialmente en niños más pequeños, las pausas breves pueden mejorar el rendimiento.


6. Reforzar el esfuerzo

Es importante reconocer los intentos de concentración.

En lugar de centrarnos únicamente en el resultado:

"Has estado concentrado diez minutos seguidos."

"Has seguido intentándolo aunque te costaba."

Este tipo de mensajes favorecen la motivación y la percepción de competencia.


7. Evitar etiquetas

Frases como:

"Eres un despistado."

"Nunca prestas atención."

"Siempre estás en las nubes."

Pueden afectar a la autoestima y hacer que el niño termine identificándose con esa imagen.

Es preferible describir conductas concretas y trabajar sobre ellas.


¿Cuándo conviene consultar con un profesional?

Puede ser recomendable buscar orientación psicológica cuando:

  • Las dificultades de atención aparecen desde hace tiempo.

  • Se observan tanto en casa como en el colegio.

  • Afectan al aprendizaje.

  • Generan mucho conflicto familiar.

  • Van acompañadas de problemas emocionales.

  • Existen sospechas de TDAH o dificultades de aprendizaje.

Una evaluación adecuada permite comprender qué está ocurriendo y diseñar estrategias adaptadas a las necesidades del niño.


La atención no depende solo de la voluntad

Muchas veces los niños escuchan mensajes como:

"Si quisieras, podrías."

"Es que no te esfuerzas."

"Te distraes porque quieres."

La realidad es mucho más compleja.

La atención depende de factores madurativos, emocionales, ambientales, motivacionales y cognitivos.

Por eso, antes de interpretar la distracción como falta de interés o falta de esfuerzo, conviene preguntarnos qué puede estar necesitando el niño.

Comprender la causa es el primer paso para ayudarle.


 
 
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