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¿Por qué mi hijo/a preadolescente cuestiona cada vez más mis decisiones? Cómo entender esta etapa y acompañarla sin perder la calma

  • Foto del escritor: Bárbara Rodríguez Suárez
    Bárbara Rodríguez Suárez
  • 28 jul
  • 5 min de lectura

"Antes hacía caso casi sin protestar y ahora cuestiona absolutamente todo."

"Siempre tiene algo que decir."

"Parece que cualquier norma acaba en una discusión."

"¿Es normal que haya cambiado tanto?"

Si tienes un hijo o hija entre los 10 y los 13 años, probablemente estas situaciones te resulten familiares.

Muchos padres sienten que, de un día para otro, su hijo ha dejado de aceptar las normas con naturalidad. Lo que antes era un simple "vale" ahora se convierte en un "¿por qué?", un "eso no es justo" o un "todos mis amigos pueden hacerlo".

Es fácil interpretar este cambio como una falta de respeto o una pérdida de autoridad.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, lo que está ocurriendo es algo mucho más positivo: tu hijo está empezando a construir su propia forma de pensar.

Eso no significa que debamos permitir cualquier comportamiento, pero sí entender que cuestionar forma parte del desarrollo.



La preadolescencia: una etapa de grandes cambios

La preadolescencia suele comenzar alrededor de los 10 u 11 años y supone el inicio de una etapa de transición entre la infancia y la adolescencia.

Aunque los cambios físicos suelen llamar mucho la atención, también se producen importantes cambios en la forma de pensar, de relacionarse y de entender el mundo.

Empiezan a desarrollar un pensamiento más crítico.

Ya no aceptan las normas únicamente porque las diga un adulto.

Necesitan entenderlas.

Las comparan con las de otras familias.

Las analizan.

Y, en muchas ocasiones, las cuestionan.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) explica que durante esta etapa los menores avanzan hacia una mayor autonomía y desarrollan progresivamente un pensamiento más complejo, lo que influye directamente en la forma en que se relacionan con los adultos.


¿Por qué ahora cuestiona tanto las normas?

Porque está construyendo su propia identidad

Durante la infancia, gran parte de las ideas de un niño proceden de su familia.

En la preadolescencia empieza a preguntarse:

  • ¿Qué pienso yo?

  • ¿Estoy de acuerdo?

  • ¿Qué opinan mis amigos?

  • ¿Cómo quiero ser?

Cuestionar no significa necesariamente desafiar.

Muchas veces significa aprender a pensar por sí mismo.


Porque necesita ganar autonomía

A medida que crecen, quieren participar más en las decisiones que afectan a su vida.

Elegir su ropa.

Decidir con quién quedar.

Gestionar parte de su tiempo.

Tener más privacidad.

Cuando sienten que no tienen margen para decidir nada, es más probable que aparezcan las discusiones.


Porque los amigos empiezan a influir más

En estas edades el grupo de iguales adquiere una enorme importancia.

Empiezan a comparar continuamente:

"En casa de mi amigo sí le dejan."

"Todos tienen móvil."

"Soy el único que tiene esa norma."

No significa que los amigos tengan más autoridad que la familia.

Significa que empiezan a buscar referencias fuera del entorno familiar.


Porque está aprendiendo a argumentar

Muchos padres dicen:

"Siempre tiene una respuesta para todo."

Y, en realidad, eso suele ser una buena noticia.

Está desarrollando habilidades de razonamiento.

Otra cuestión distinta es que todavía necesite aprender a expresar sus opiniones con respeto.


¿Significa que ya no me respeta?

No necesariamente.

Aquí conviene diferenciar dos cosas:

Cuestionar una norma no es lo mismo que faltar al respeto.

Un hijo puede decir:

"No estoy de acuerdo."

"¿Me puedes explicar por qué?"

"Creo que esa norma es injusta."

Y hacerlo de forma respetuosa.

Lo que no debemos normalizar son los insultos, las amenazas, los gritos o las faltas de respeto.

Podemos aceptar que expresen desacuerdo.

No debemos aceptar cualquier forma de hacerlo.


¿Qué solemos hacer los padres cuando esto ocurre?

Es habitual reaccionar desde el cansancio.

Algunas respuestas frecuentes son:

"Porque lo digo yo."

"Se acabó la conversación."

"Antes no eras así."

"Ya estás otra vez protestando."

Aunque estas respuestas son comprensibles, muchas veces aumentan el conflicto.

Cuando un preadolescente siente que no puede expresar su opinión, suele intentar hacerlo con más intensidad.


¿Cómo podemos gestionar mejor estas situaciones?

1. No interpretes cada pregunta como un desafío

Antes de responder, pregúntate:

¿Está intentando desobedecer o simplemente quiere entender?

Muchas veces solo necesita una explicación.


2. Escucha antes de responder

Dejar que explique su punto de vista no significa darle la razón.

Significa demostrarle que su opinión importa.

Puedes decir:

"Entiendo por qué lo ves así."

"Cuéntame qué piensas."

Después podrás explicar tu decisión.


3. Explica el sentido de las normas

A estas edades, comprender el motivo favorece mucho más la colaboración.

Por ejemplo:

"No quiero que vuelvas más tarde porque necesito saber que estás seguro."

Es diferente de:

"Porque sí."


4. Elige qué cosas pueden negociarse

No todas las normas tienen el mismo peso.

Podemos diferenciar entre:

Normas no negociables

  • Seguridad.

  • Respeto.

  • Salud.

  • Cumplimiento de responsabilidades.


Normas donde puede haber flexibilidad

  • Elegir la ropa.

  • Organizar parte del tiempo libre.

  • Decidir algunos planes.

  • Participar en horarios puntuales.

Cuando sienten que pueden participar en algunas decisiones, suele disminuir la necesidad de discutirlo todo.


5. Mantén la calma

No siempre será fácil.

Pero cuanto más intenso sea el adulto, más difícil resultará que el menor regule sus emociones.

A veces basta con decir:

"Ahora mismo estamos demasiado enfadados para hablar. Lo retomamos en un rato."


6. Mantén los límites con firmeza y respeto

Escuchar no significa ceder.

Puedes decir:

"Entiendo que no estés de acuerdo."

"Has podido explicar tu opinión."

"Y aun así, esta decisión se mantiene."

Este tipo de mensajes transmiten dos ideas importantes:

  • Tu opinión importa.

  • Los adultos seguimos siendo responsables de algunas decisiones.


¿Y si todo acaba siempre en una discusión?

Si cada conversación termina en un enfrentamiento, puede ser útil revisar algunas preguntas:

  • ¿Solo hablamos de normas?

  • ¿Tenemos momentos agradables juntos?

  • ¿Escucho tanto como hablo?

  • ¿Le doy oportunidades para tomar decisiones acordes a su edad?

  • ¿Paso tiempo con él cuando no hay problemas?

La relación no se construye únicamente corrigiendo conductas.

También necesita momentos de conexión.


¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Puede ser recomendable consultar con un profesional si:

  • Los conflictos son diarios y muy intensos.

  • Existe agresividad verbal o física.

  • Las normas resultan imposibles de mantener.

  • La convivencia familiar está muy deteriorada.

  • El menor muestra cambios importantes de conducta o estado de ánimo.

  • Los padres sienten que han perdido completamente la comunicación con su hijo.

Buscar ayuda no significa que estéis fracasando como familia.

Significa que queréis encontrar nuevas herramientas para mejorar la convivencia.


Crecer también significa empezar a pensar diferente

Que tu hijo cuestione algunas normas no significa necesariamente que esté dejando de respetarte.

En muchas ocasiones significa que está desarrollando una capacidad muy importante: pensar por sí mismo.

Nuestro reto como padres no consiste en evitar que hagan preguntas.

Consiste en enseñarles a expresar sus opiniones con respeto, aceptar que no siempre estarán de acuerdo y comprender que la autonomía se construye poco a poco.

Porque educar no significa conseguir que nuestros hijos obedezcan sin pensar.

Significa ayudarles a convertirse en personas capaces de tomar decisiones responsables, respetar a los demás y mantener una relación sana con quienes les quieren.

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